A veces miras tu vida como un papel con tanta mugre y sientes desdicha. Piensas en aquellos que te hirieron, que al final ellos son iguales que tú; hombres, que hacen sufrir y se hieren a si mismos. Piensas en las ocasiones en que te dejaron a tras, te hicieron a un lado y te lamentas por ello. Pero luego reflexionas, que tú también lo has hecho, que a veces los juzgas sin ser tú justo y piensas: ¿Cómo es que DIOS nos soporta?
Si nos creyéramos todos justos, destruiríamos a los demás completamente, ya hemos hecho demasiado daño. Y es que solo nos acercamos a la justicia cuando pensamos que somos injustos.
Nos preguntamos: ¿Es la vida injusta? O ¿Somos nosotros tan pecadores que solo juzgamos a los demás, a la vida misma y aún nos atrevemos a juzgar a nuestro padre y creador? Pero tenemos algo hermoso que ni aun la maldad ha logrado destruir:
“El Amor”, quien nos permite razonar, y si es necesario dar la vida por un ideal. Nuestra herencia, de nuestro padre celestial:
“El AMOR.”

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